Black Mirror y el elemento añadido

Una mujer despierta sin recordar nada en una casa deshabitada. Cuando sale a la calle, aparecen personas que la persiguen con celular en mano, grabándola. La mujer desesperada corre sin saber a dónde, intentando no ser capturada por las pantallas de la tecnología.

Así inicia “Oso Blanco”, uno de los 20 capítulos, dividido en 5 temporadas, que tiene la serie Black Mirror (BM), donde el abuso tecnológico hace que los escenarios, de tinte futurista, parezcan tan cercanos a nuestra sociedad.

Sonría, le estamos filmando 🙂

El elemento añadido

Uno de las características que me ha cautivado en la serie es la transfiguración de la realidad. Lo que BM nos plantea con lugares cercanos a la ciencia ficción (en muchos casos), son problemas comunes a nuestro entendimiento. En los capítulos se abordan temas como la traición amorosa, la violencia urbana, el castigo y el morbo social, con un tinte de extrañeza que adultera y refuerza lo que creemos real.

Las historias nos presentan a personajes que se entrecruzan con un germen “contaminado” por el vicio virtual: algo extraño que desfigura nuestro entendimiento y nos abre camino a nuevos planos.

En el capítulo “Oso Blanco”, por ejemplo, la mujer es grabada como castigo a un crimen que no recuerda: secuestró, mató a una niña y tenía en su poder las últimas imágenes con vida de la pequeña en la memoria de su móvil. Ojo por ojo y Huawei por Huawei, diría Michel Foucault.  

En otro capítulo, se aborda el tema de la infidelidad bloqueando a las personas que nos molestan o fastidian, al mejor estilo de Twitter o Facebook.

Con un click quedamos fuera de la vida que soñamos, mon amour.

Bandersnatch, la reescritura de la vida

La última temporada de la serie es de solo un capítulo, que se lo podría considerar “largometraje” si decides correctamente.

Ambientada en los años 80, la historia trata sobre Stefan, un joven programador que es contratado para adaptar una novela de fantasía llamada Bandersnatch en un videojuego. Este resumen que parecería simple, se complica por las decisiones que los ¿usuarios?, ¿televidentes?, ¿usuarios?, ¿teleusuarios?, tomamos[1].

Este acontecimiento es el gran “elemento añadido” de un capítulo que juega más que nunca con el futuro (pasado) distópico que se presentó en las temporadas anteriores de la serie.

En Bandersnatch aparecen elementos claves para entender mejor lo que hemos visto. Por ejemplo, símbolos aparecidos antes, como en “Oso Blanco”, regresan:

También hay síntomas constantes en los personajes principales. Muchos, por no decir la gran mayoría, se aíslan por el constante abuso de los aparatos tecnológicos (computadoras, videojuegos, celulares). Otros están solos en medio de tantas personas.

BM lanza un nuevo puntal al debate: ¿aún son lugares y no lugares los que detectó Marc Augé en los años 90. ¿Si en medio de una cena familiar, yo saco mi celular y me pongo a chatear con alguien que camina por Moscú, invisibilizando a mis contertulios, no estoy generando un no lugar latente, tecnológico, del siglo XXI, en el comedor de mi hogar? 

Por momentos reemplazamos a Dios y Stefan se convierte en nuestro Adán.

Cuando estaba en el colegio y conseguí un ejemplar de Rayuela, siempre me pregunté cuántos leerían el libro seguido, sin seguir las instrucciones, y cuántos saltarían entre capítulos. Con Bandersnatch pensé lo mismo mientras veía la caja de cereales o cuando me preguntaban si nos suicidábamos junto a Stefan. Por suerte, van salieron las estadísticas de las decisiones a nivel global[2].

  • Netflix asegura que un 73% de usuarios aceptó el trabajo en Truckersoft. Es decir, preferimos trabajar acompañados que en la soledad de nuestro hogar (la gente no está tan loca como para pasar encerrada en su cuarto, trabajando sin descanso. Eso es para “extraños” :D).
  • ¿Cuántos decidimos saltar con Stefan y por qué?

[1] El investigador Carlos A. Scolari ha reflexionado en su portal Hipermediaciones sobre el nombre correcto para los consumidores de la última temporada de BM.
[2] En el Twitter de BM, de vez en cuando se postea datos o anécdotas que deja la serie.

Como dato suelto, solo diré que tengo descargado Netflix en mi consola de PS4. Al final, me sentí como un gamer en los 80.
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Publicado por

Edison Gabriel Paucar

He publicado el libro de cuentos "Malas compañías y otros caballos de Troya" (Premio Joaquín Gallegos Lara) y la novela "Mientras llega lluvia" (Mención de Honor del Premio Dario Guevara y Finalista del Premio North Texas Book Festival). Varios de mis relatos están desperdigados en antologías de distintos puertos. Adopté un gato que se llama Manchas, me gusta ver partidos de fútbol, jugar PlayStation y viajar con poco equipaje. Tengo una maestría en Creación Literaria y una licenciatura en Comunicación Social. Por lo demás, todo parece en orden.

Un comentario en “Black Mirror y el elemento añadido”

  1. “Como dato suelto, solo diré que tengo descargado Netflix en mi consola de PS4. Al final, me sentí como un gamer en los 80.” Las narrativas con interactividad, prtenden darle al espectador un espacio dentro de la obra audiovisual. NUevos autores mencionan que el mensaje ha dejado de ser mensaje, se habla del relato, el emisor es el creador del relato y el espectador, usuario del relato. Como usuario del relato, hablamos de prosumidor, es decir, consumes y produces, como en la serie Lost y algunas otras obras audiovisuales. La narrativa transmedia, sumerge al usuario del relato en un continum papel protagónico, te hace partícipe, fucniona como una especie de puzzle, dónde creadores y usuarios construyen la narrativa. Las grandes marcas, usan las narrativas fílmicas para seducir al público, para fidelizarlo, ejm, BMW, creo la mini web seri “The Hire” protagonizado por el hoy conocido Clive Owen (Actor principal en Hijos del Hombre) dónde la casa automovilística plasmo sus valores de marca y así podríamos mencionar algunas marcas que usan la narrativa fílmica como herramienta de entretenimiento. Como analizas en la serie de Netflix, nos están seduciendo para quedarnos en las pantallas, no salir de casa y generarnos el delirio de persecución, encerrados en nuestra propia prisión.

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